Pasé por muchas cosas este tiempo, pero como soy conciente de que este blog lo puede leer cualquiera, muchas de ellas no las quise escribir. Y si mi vida pasa por esas cosas, ¿de qué voy a escribir?
El dolor sigue; al menos no pierdo el contacto con gente con la que estoy atada por el destino. Gente que me recibió con los brazos abiertos, que me ofrecen ayuda si la necesito. Que no me dejaron de lado, y me avisaron para que yo no me perdiera de darte el último adiós.
Llegué. Me dije "No llores..." aunque sabía que iba a llorar igual.
Bajamos de la combi, vi los autos negros a unos metros.
¿En cuál estás?, pensé. ¿No es cierto que vas a venir, que todo esto es mentira, que te voy a ver llegar?
Pero no. Miraba alrededor, sólo veía gente desconocida para mí, conocida para vos. Un par de amigos con los que compartimos salidas que me miraban de lejos. Una cara conocida que me guiaba sonriente, aunque sabía que por dentro se estaba muriendo también.
Cuando vi tu nombre escrito en el coche y grabado en el ataúd, todavía esperaba verte llegar. Era sólo una placa, no podías estar ahí dentro.
Hasta que te llevaron a la capilla. Estás ahí dentro. Recordé tu cara dormida y te imaginé así.
En ese momento, no había para mí un "más allá", un Cielo, un espacio infinito... en ese momento toda la realidad que existía era el presente en la Tierra frente a ese ataúd. Fue horrible.
No hubo lágrimas, aunque tu amiga y yo estuvimos a punto de ceder. No quería armar una escena. No quería que me vieras llorar. Sólo quería saludarte y preguntarte cuándo te íbamos a ir a visitar de nuevo...
Cuando todo terminó, me sentí vacía. ¿Eso es todo? Ahora a volver a casa y seguir la vida como si nada.
Gracias a él, que me invitó. ¿Querés venir a comer con nosotros? De repente sentí que no te habíamos perdido, que todavía somos parte de tu familia y eso nunca va a cambiar.
Comí lo que pude, con un nudo en la garganta y otro en el estómago, pero al menos me hizo sentir mejor saber que quedaba algo de vos para que al pasar los años, no te pierdas con los recuerdos.
Sí, sigo con mi vida, pero estamos unidos por un lazo de sangre que no se puede romper; estás presente en su carita cada vez que lo veo porque es igual a vos. Así seguís vivo en él.
Buen viaje, loco y tonto. Nos vemos del otro lado para que me sigas criticando mi pelo y mis hanzi feos. Mientras, vigilá al chiquitín.
Loca.



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